Nunca nadie antes me había besado como haces tú. Y eso que nunca me has tocado siquiera.
Mi mayor miedo es el de romperte el corazón. Sé que es difícil hacerlo, que puede sonar a egolatría, pero me aterra que yo pueda hacer eso algún día y que pienses que soy igual a los demás. Me estoy esforzando demasiado por intentar hacerte creer que soy diferente y me da rabia que algo que está fuera de mi alcance pueda estropear todo lo que he conseguido hasta ahora.
No te mentía cuando te dije que eres uno de mis mayores sueños. No te mentí nunca, en nada, oculté cosas por miedo a hacerte daño pero esas cosas nunca fueron importantes, solamente me hacían heridas a mi.
No te mentía cuando te dije que esperaba que fueses feliz a pesar de mi. No busco mi felicidad contigo, busco la tuya. Estoy segura de que yo también podré ser feliz algún día, no es que me de igual lo que pueda pasar conmigo, simplemente me importas tanto como me importa mi propia vida ahora mismo.
Menos mal que nunca me quisiste como yo quise. Y si alguna vez lo hiciste quiero que sepas que existe el consuelo de que yo te quise más que nada y que todo lo que sentiste por mi fue correspondido. Pero ojalá no me quieras como yo quiero...
Me da asco que a estas alturas de la vida haya cosas que escapan tanto a mi control, me siento mal por no tener todo controlado, pero supongo que así es la vida.
Deseo que estés siempre conmigo, nada de eso ha cambiado ni cambiará, y ojalá, ojalá encuentres a alguien que no te haga daño nunca. Eso de que el amor duele es mentira, es cierto que no todo es felicidad, pero el amor no debe doler. El amor a veces puede tambalearse, hacerte sentir miedo, pero justo entonces alguien te abraza y todo se calma. Eso, eso es el amor, el no dejarte caer nunca, porque te quieren, porque te necesitan, aunque pueda haber momentos de incertidumbre, eso es amor y eso es lo que necesitas que te den. Yo estoy tan segura de que alguien llegará a tu vida y te la hará más fácil y bonita, estoy tan segura de que algún día pasará algo y nunca más tendrás que sentirte solo, que solo de tener la certeza de que eso te sucederá me puedo ir tranquila.
Me duele mucho el corazón a veces, no te lo voy a negar, no me gusta alejarme de ti ni me gusta pensar en tener que viajar y que no sea contigo, tener que salir a dar un paseo y que tú no estés a 500 km de mi paseando también por mundos virtuales, poder decirte "son ya las 7 de la mañana" y que tu reloj marque la misma hora. Me duele pensar en eso, pero es algo inevitable... Aunque muchas veces he pensado en cometer locuras y dejar todo solamente para estar cerca de ti, pero estoy silenciosamente esperando a que me des el visto bueno para hacerlo. Si alguna vez lo quieres, estaré a tu lado en menos de dos días. Te lo prometo porque te quiero, te lo prometo porque estoy esforzándome soberanamente en no ser como los demás.
Muchas veces he pensado en cometer locuras que me hacen pensar que la vida no tendría sentido si no las hiciera, que todo puede cambiar si yo fuese valiente y me arriesgase. Ojalá me decidiera a ser valiente, tengo la valentía en la punta de la lengua. Ojalá fuese una psicópata de verdad y me aferrase a ti y no te soltase nunca. Ojalá. Me encantaría. Pero de momento me basta con el consuelo de saber que tú estarás bien con todo esto, las cosas no han cambiado mucho, ¿no? Me he alejado dos pasitos, pero en alma siempre estoy ahí, a tu lado, en silencio, cuando recuerdas algo bonito, cuando te ríes, cuando miras al cielo. En alma siempre estoy ahí, a tu lado, a fuego.
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domingo, 19 de marzo de 2017
domingo, 27 de noviembre de 2016
Siempre.
Lanza un suspiro a un insondable vacío, y se deja caer en un precipicio de tormenta.
Cierra los ojos y siente el dolor, en el fondo siente que se lo merece, su exterior intenta demostrar indiferencia.
Cae, y siente el dolor.
Él es el amor de mi vida.
Él es el amor de mí, ¿cómo puedo ayudarle?
Cae, a más velocidad. Vacío. Dolor. Soledad.
Él es mi numen, ni justo ni misericordioso, de los amores no correspondidos, ¿si le sostengo al vuelo, le parto en dos?
Sigue cayendo. Abre los ojos. Me mira.
Yo estoy ahí y también tengo miedo. Ojalá supiera que quiero quedarme con él hasta el final.
Cierra los ojos y siente el dolor, en el fondo siente que se lo merece, su exterior intenta demostrar indiferencia.
Cae, y siente el dolor.
Él es el amor de mi vida.
Él es el amor de mí, ¿cómo puedo ayudarle?
Cae, a más velocidad. Vacío. Dolor. Soledad.
Él es mi numen, ni justo ni misericordioso, de los amores no correspondidos, ¿si le sostengo al vuelo, le parto en dos?
Sigue cayendo. Abre los ojos. Me mira.
Yo estoy ahí y también tengo miedo. Ojalá supiera que quiero quedarme con él hasta el final.
martes, 23 de agosto de 2016
Atentamente dedicado a ti.
Finales del siglo XVII, tierras Escocesas, castillos,
reyes, príncipes y princesas.
Esa era solo una parte de Laslán, una pequeña ciudad de Escocia que Bianca conocía.
Mirando por su ventana, mientras su madre y sus dos tías le peinaban el cabello rizado y cobrizo con infinito cuidado, ella veía más allá que todos los demás que miraban a través el paisaje.
Veía árboles y montes, ríos lejanos, oía las historias que susurraban los duendes que vivían en ellos, los cantos de las ninfas en los arroyos y grandes lagos, el crepitar de la madera de cada una de las hogueras que encendían las hadas para convocar a las estaciones del año...
Esa había sido la Bianca de siempre, pero algo había cambiado, ahora quería compartir esos sueños, esas ilusiones de niña en cuerpo de adolescente.
Cada vez que Bianca miraba por la ventana, deseando caminar por todos esos montes, tocar cada árbol y beber de cada arroyo, se imaginaba junto a una sonrisa perfecta, unos brazos fuertes, unas manos suaves, un cabello rojo como el fuego, tras el cual siempre se veían unos ojos sonrientes, del color de los castaños, unos ojos risueños, cálidos, y tan solo podía verle contadas épocas del año: en fiestas, cuando sus mayores estaban despistados, recibían visitas y no se preocupaban tanto por ella, entonces tenía ratos libres en los que podía escaparse de ese gran castillo que la tenía prisionera, e ir a dar una vuelta a través del bosque y sus senderos, con aquel chico que montaba a caballo.
Galopaban sobre todos los montes del bosque, entre cada árbol y arbusto, observando todos los animales y descansando en la orilla de cada uno de los riachuelos.
Galopaban hasta una torre abandonada entre las profundidades del bosque, y pasaban allí horas, soñando el uno con los sueños del otro.
Ella le contaba sus problemas y él le contaba sus historias, sus leyendas, y cada uno de los cuentos que leía y memorizaba para olvidarse de todo cada vez que pasaba por un momento amargo.
Él tenía una vida difícil, mucho más difícil y retorcida de la que tenía Bianca, y ella lo sabía. Pero no porque él se lo hubiese dicho, él jamás lo mencionó. Pero ella lo sabía.
Se notaba en su mirada.
Por eso ella le valoraba, le admiraba y le amaba.
Por eso, cada noche, a las doce en punto, bajaba las escaleras del castillo, salía de él y se adentraba unos pasos en el bosque, hasta llegar al arroyo más cercano, el arroyo preferido de ambos, y jugaba con el agua entre sus dedos, sabiendo que, unos kilómetros más allá, en un pueblo de gente pobre y humilde por donde también pasaba éste, él también estaría tocando esas mismas aguas, a esa misma hora, y llevándole hasta ella la magia de las historias que no podía contarle, por la distancia.
Esa era solo una parte de Laslán, una pequeña ciudad de Escocia que Bianca conocía.
Mirando por su ventana, mientras su madre y sus dos tías le peinaban el cabello rizado y cobrizo con infinito cuidado, ella veía más allá que todos los demás que miraban a través el paisaje.
Veía árboles y montes, ríos lejanos, oía las historias que susurraban los duendes que vivían en ellos, los cantos de las ninfas en los arroyos y grandes lagos, el crepitar de la madera de cada una de las hogueras que encendían las hadas para convocar a las estaciones del año...
Esa había sido la Bianca de siempre, pero algo había cambiado, ahora quería compartir esos sueños, esas ilusiones de niña en cuerpo de adolescente.
Cada vez que Bianca miraba por la ventana, deseando caminar por todos esos montes, tocar cada árbol y beber de cada arroyo, se imaginaba junto a una sonrisa perfecta, unos brazos fuertes, unas manos suaves, un cabello rojo como el fuego, tras el cual siempre se veían unos ojos sonrientes, del color de los castaños, unos ojos risueños, cálidos, y tan solo podía verle contadas épocas del año: en fiestas, cuando sus mayores estaban despistados, recibían visitas y no se preocupaban tanto por ella, entonces tenía ratos libres en los que podía escaparse de ese gran castillo que la tenía prisionera, e ir a dar una vuelta a través del bosque y sus senderos, con aquel chico que montaba a caballo.
Galopaban sobre todos los montes del bosque, entre cada árbol y arbusto, observando todos los animales y descansando en la orilla de cada uno de los riachuelos.
Galopaban hasta una torre abandonada entre las profundidades del bosque, y pasaban allí horas, soñando el uno con los sueños del otro.
Ella le contaba sus problemas y él le contaba sus historias, sus leyendas, y cada uno de los cuentos que leía y memorizaba para olvidarse de todo cada vez que pasaba por un momento amargo.
Él tenía una vida difícil, mucho más difícil y retorcida de la que tenía Bianca, y ella lo sabía. Pero no porque él se lo hubiese dicho, él jamás lo mencionó. Pero ella lo sabía.
Se notaba en su mirada.
Por eso ella le valoraba, le admiraba y le amaba.
Por eso, cada noche, a las doce en punto, bajaba las escaleras del castillo, salía de él y se adentraba unos pasos en el bosque, hasta llegar al arroyo más cercano, el arroyo preferido de ambos, y jugaba con el agua entre sus dedos, sabiendo que, unos kilómetros más allá, en un pueblo de gente pobre y humilde por donde también pasaba éste, él también estaría tocando esas mismas aguas, a esa misma hora, y llevándole hasta ella la magia de las historias que no podía contarle, por la distancia.
martes, 14 de julio de 2015
Flechazos
Seré breve.
Piensa en todas las personas en las que te has fijado, en secreto. Sin decir una palabra o no queriendo hablar demasiado de ello.
Todas esas personas que has encontrado atractivas, ya sea de personalidad como físicamente, todas esas a las que nunca les dijiste nada.
Cada extraño del que temporalmente te enamoraste en la escuela, el instituto, el transporte público.
Todas aquellas personas en las que pensaste durante todo el día hasta encontrártelas, una mañana apenas abriste los ojos, o antes de irte a dormir.
Y ahora date un momento para pensar que tú has sido esa persona para muchas otras.
Y nunca tuviste ni idea.
Y soñando un poco... tal vez, si ellos hubiesen dejado de pensar que era imposible llegar a ti, y hubiesen hecho algo... ahora tu vida sería diferente.
¿O no?
Piensa en todas las personas en las que te has fijado, en secreto. Sin decir una palabra o no queriendo hablar demasiado de ello.
Todas esas personas que has encontrado atractivas, ya sea de personalidad como físicamente, todas esas a las que nunca les dijiste nada.
Cada extraño del que temporalmente te enamoraste en la escuela, el instituto, el transporte público.
Todas aquellas personas en las que pensaste durante todo el día hasta encontrártelas, una mañana apenas abriste los ojos, o antes de irte a dormir.
Y ahora date un momento para pensar que tú has sido esa persona para muchas otras.
Y nunca tuviste ni idea.
Y soñando un poco... tal vez, si ellos hubiesen dejado de pensar que era imposible llegar a ti, y hubiesen hecho algo... ahora tu vida sería diferente.
¿O no?
viernes, 10 de abril de 2015
A ese amor prohibido.
No puedo entender cómo escribir algo puede llegar a doler tanto. Porque me duele, me duele muchísimo, y vaya... llevaba mucho tiempo sin sentir esto.
Si es que alguna vez lo he sentido.
Ahora mismo estoy aquí, sentada, en silencio, respirando profundamente para mantener la calma y escuchando la lluvia. Esto es ridículo, es una tortura.
Me gustaría haber aprovechado más todos esos momentos juntos. Siempre te miraba con miedo, con vergüenza, como si fueras a desnudarme con la mirada, y cada vez que me decías algo bonito, simplemente me reía y apartaba la mirada. Ahora sé que todo eso merecía, mínimo, un beso. Pero ahora estoy demasiado lejos, y no solo por la distancia en kilómetros.
Me gustaría demostrarte que pienso constantemente en ti, pero supongo que ya lo sabes. Sabes que si sólo pensara en mi, ahora mismo estaría en un tren, acortando la distancia entre tú y yo, y no aquí sentada escribiendo esto. Pero es que sé que a ti no te gustan esas cosas. No te gusta arriesgarte, ni que lo hagan por ti. Ni los sacrificios. Ni las cosas que luego podrían hacernos daño.
Soy demasiado impulsiva y romántica para alguien que solo está centrado en sus juegos. Pero voy a echarte de menos. Está siendo muy duro dejarte ir, y que no te sorprenda que alguna vez vuelva a hablarte, ojalá perdones la terrible necesidad que me invade de saber cómo estás, y querer abrazarte en la distancia. Y protegerte, aunque sepa que ya eres mayor para hacerlo tú solo.
Y... no sé a quién quiero engañar. Ojalá el destino vuelva a unirnos alguna vez. El destino, la vida, lo que sea, porque yo no puedo hacer mucho más, y tengo fe ciega en que, si tenemos que ser, seremos...
Pero si tengo que echarte de menos durante toda mi vida... también lo haré.
domingo, 11 de enero de 2015
Cuando quieres que alguien se quede.
Cuando era más pequeña, -tendría unos dieciséis años-, fue la primera vez que ''me rompieron el corazón'', por así decirlo.
En ese entonces sentía que de verdad se había roto, y que nada volvería a ser lo mismo, y en parte era verdad. Todos sabemos que cuando nos pasa eso por primera vez, el mundo deja de ser igual. Y luego lo superamos, y seguimos, y seguramente somos felices independientemente del pasado que llevemos atrás, aunque esté ahí.
Pues recuerdo, que en esa época, cuando yo sentía que nada más tenía sentido y que jamás volvería a encontrar a nadie que me hiciera sentir lo mismo que me había hecho sentir esa persona que se acababa de ir, leí una historia.
Por casualidad, en una de esas tardes que pasas enteras, tú solo y una pantalla, con una manta y bastantes cosas que comer, pues una de esas tardes divagando por internet, yo encontré una historia, tan breve y triste a la vez que mi exagerado corazón sintió que fue marcado con un antes y un después.
La historia hablaba sobre líneas.
Las líneas paralelas, por ejemplo. Tienen mucho en común. Son dos líneas, en teoría exactamente iguales, que vienen del mismo lugar y se dirigen juntas hacia el mismo destino, pero están completamente separadas, y nunca, nunca, se van a encontrar, porque si se encontrasen, dejarían de ser lo que eran; dos líneas paralelas.
Pero pensemos que, bueno, que renuncian a ser dos líneas que tienen mucho en común y nunca se van a cruzar, y hagamos que se crucen, vale.
Se han cruzado una vez, pero ahora son líneas que han tomado rumbos distintos, y ni vienen ni van al mismo lugar, y ya no tienen nada en común.
Por no contar el hecho obvio de que nunca más van a volver a cruzarse, ni a caminar juntas aunque separadas.
Pues esta historia es aplicable a nosotros, a nuestros amores imposibles, a esos amigos que hacemos una noche y jamás volvemos a ver, a esas personas que conocemos de vacaciones, en ese caso, ellos son líneas que iban en otra dirección y se han cruzado con nosotros.
Pero, ¿y en el caso de las líneas paralelas?
Yo siempre las interpreté como una de esas personas que ves ahí, de pie, hermosas, lejanas y deslumbrantes, esas personas que miras a los ojos y sientes que tenéis demasiado en común como para no tratarse de una broma. Sientes que es una broma su mera existencia y su presencia ante ti, que tal vez es demasiado perfecto y debe tener algún error.
Y bueno, lo tiene.
Y es que esa persona es una línea paralela a ti, pero no te das cuenta hasta que dices: ''tengo que intentar llegar hasta ella''.
Y, si consigues llegar, si la luz no te deja ciego, logras rozarla con la punta de los dedos, y sientes las terribles ganas de poder hacer eso a diario, entonces, te conviertes en una línea cruzada.
Ahí es cuando te das cuenta de que era una línea paralela a ti, miras atrás pensando en cómo no te has podido dar cuenta antes de semejante verdad y sabes que ni su rumbo ni el tuyo es ya el mismo, pero que tienes que seguir adelante y cruzarte con muchas más líneas aún, y seguramente, tarde o temprano, alguna de esas líneas sea paralela a ti, pero esté tan, tan cerca, que nunca necesitarás cruzarte con ella para echarla de menos.
Bueno, pues ya han pasado casi cuatro años desde que leí esa historia por primera vez, y hoy tengo que recordarla otra vez y convencerme a mi misma de que a veces, hacer un sacrificio y cambiar un poco tu camino para cruzarte con otra línea que jamás volverás a ver, hace daño, -mucho daño- pero vale la pena -mucho, también-.
lunes, 3 de noviembre de 2014
Lluvia de estrellas.
Hay veces en la vida en las que te das cuenta de que estás viviendo un momento de película. Piensas: ''es increíble que me esté pasando esto a mi'', pero todo es real, y tú sólo suspiras y te sientes lleno de amor.
Eso me pasó a mi esa noche bajo las estrellas, en mitad de la nada y con ganas de todo. No nos pesaba el sueño en los párpados ni nos faltaban las palabras, simplemente estábamos ahí, formando parte del Universo, como debía ser.
Tal vez no pueda olvidar aquello porque llevaba demasiado tiempo sin sentir algo así, y porque tenía tanto miedo pensando en cuándo volvería a sentirlo, que me temblaban las piernas, no solamente por culpa de tus manos.
Y ahora escribo esto tan lejos de ti, a tantos kilómetros que me duele algo dentro, y miro por la ventana, y veo las hojas bailando con el viento, y las nubes azules mirándome amenazantes, y en ese momento, es cuando sé que jamás volverá a pasar.
Sé que nunca más volveré a ver esas mismas estrellas contigo, que esta distancia nos ha podrido por dentro y que ya no me sonreirás a lo lejos y caminarás hacia mi con los brazos extendidos, ni yo me dejaré abrazar.
Porque lo bonito del momento fue eso, que fue sólo un momento.
Eso me pasó a mi esa noche bajo las estrellas, en mitad de la nada y con ganas de todo. No nos pesaba el sueño en los párpados ni nos faltaban las palabras, simplemente estábamos ahí, formando parte del Universo, como debía ser.
Tal vez no pueda olvidar aquello porque llevaba demasiado tiempo sin sentir algo así, y porque tenía tanto miedo pensando en cuándo volvería a sentirlo, que me temblaban las piernas, no solamente por culpa de tus manos.
Y ahora escribo esto tan lejos de ti, a tantos kilómetros que me duele algo dentro, y miro por la ventana, y veo las hojas bailando con el viento, y las nubes azules mirándome amenazantes, y en ese momento, es cuando sé que jamás volverá a pasar.
Sé que nunca más volveré a ver esas mismas estrellas contigo, que esta distancia nos ha podrido por dentro y que ya no me sonreirás a lo lejos y caminarás hacia mi con los brazos extendidos, ni yo me dejaré abrazar.
Porque lo bonito del momento fue eso, que fue sólo un momento.
miércoles, 24 de septiembre de 2014
00:19
Qué sentimiento más desolador este. El de la noche fría, -y el tan esperado frío, que ahora se hace incómodo cuando yo pensaba que era lo mejor que me podía pasar-, el viento impasible y el color azul...
En el fondo de mi ser, sé que olvido algo, pero no consigo recordar de qué se trata. Pero lo sé, sé que hay escondido un ''algo'' que me perturba, sé que existe(s).
Y a veces, cuando divago entre las sombras, o vuelvo dando volteretas a casa a las tantas de la mañana, te llevo más presente que nunca. Es como si te sintiera más presente precisamente en mis momentos más impresentables.
Otras veces simplemente sueño que te hablo, que entrelazamos las manos, y nos dormimos así, bajo el mismo techo, y bajo el mismo aura, sintonía y perfección.
Y otras veces siento que olvido algo y no sé el qué.
Ojalá alguien pudiese entender esto que estoy escribiendo. A estas alturas solamente pediría eso.
domingo, 3 de agosto de 2014
Frágil, léase con cuidado.
Conozco demasiado bien ese sentimiento de destrucción. Eso que se siente cuando oyes algo que no necesitabas saber, y es como si algo se rompiese dentro.
O cuando lees mensajes antiguos y sientes que te están golpeando con un bate de béisbol en el pecho con la intención de romperte el corazón.
Pues el sentimiento de autodestrucción es mucho más destructivo aún. Es jodido, es tan jodido que hay veces en las que pienso que preferiría no sentir nada a sentir eso, y lo peor de todo es que lo provoco yo.
Mis amigos lo llaman: ''El chico que te destruye''. Pero no, a mi nadie me destruye. Me destrozo yo a mi misma, al parecer algo en mi interior disfruta con ello, porque mientras me rompen el corazón, pienso: ''volvería a hacerlo''.
Él no es el chico que me destruye. Es el cabrón, consciente de mi sufrimiento pero inmune a él, y al cual le encanta que me destruya.
Aunque la verdad es que, en esas noches interminables en las que miro al techo esperando a que amanezca, (como si eso fuese a salvarme de algo) me doy cuenta de que estoy harta de esta mierda. Y de que no sé cuánto voy a aguantar que siempre, siempre sea y pase lo mismo. Pido una tregua, a Dios, al destino, al karma, o a mi misma, pido una tregua, y poder amarte sin miedo de lo que tú sientas, porque este sentimiento es horrible, porque te quiero y no puedo.
O cuando lees mensajes antiguos y sientes que te están golpeando con un bate de béisbol en el pecho con la intención de romperte el corazón.
Pues el sentimiento de autodestrucción es mucho más destructivo aún. Es jodido, es tan jodido que hay veces en las que pienso que preferiría no sentir nada a sentir eso, y lo peor de todo es que lo provoco yo.
Mis amigos lo llaman: ''El chico que te destruye''. Pero no, a mi nadie me destruye. Me destrozo yo a mi misma, al parecer algo en mi interior disfruta con ello, porque mientras me rompen el corazón, pienso: ''volvería a hacerlo''.
Él no es el chico que me destruye. Es el cabrón, consciente de mi sufrimiento pero inmune a él, y al cual le encanta que me destruya.
Aunque la verdad es que, en esas noches interminables en las que miro al techo esperando a que amanezca, (como si eso fuese a salvarme de algo) me doy cuenta de que estoy harta de esta mierda. Y de que no sé cuánto voy a aguantar que siempre, siempre sea y pase lo mismo. Pido una tregua, a Dios, al destino, al karma, o a mi misma, pido una tregua, y poder amarte sin miedo de lo que tú sientas, porque este sentimiento es horrible, porque te quiero y no puedo.
viernes, 13 de septiembre de 2013
Enamórate sólo una vez, y el mundo entero habrá cambiado.
Aunque en realidad... nunca hubo nada.
Fuiste un amor pasajero y extraño, hiciste que tuviese ganas de morir, de cortarme las venas, de no seguir existiendo.
Hiciste que tuviese ganas de arrancarme los ojos al verte con ella.
Pero me di cuenta de que tú no me hacías más daño del que me hacía yo a mi misma. Y por eso renuncié a torturarme más por ti. Creo que no me lo merezco.
Lo único que hice fue quererte, y si no funcionó, no fue mi culpa.
Eso es lo único que tengo claro de todo esto.
Me siento feliz al saber que algún día encontraré a alguien que me quiera, no como tú. Tú ya lo has perdido, ya me has perdido.
Encontrarás a chicas más guapas que yo, a montones, en todos los sitios.
Encontrarás chicas más cariñosas también, a cada paso que des, a mi nunca se me dio bien eso de dar cariño.
Chicas más inteligentes, más estudiosas, más aplicadas.
Chicas que prefieran irse de fiesta contigo y beber, a pasar una noche tumbada en el parque escuchando música y mirando las nubes, como hacías conmigo.
Chicas con las que no hables tanto y tengas sexo, chicas a las que no puedas contarles tus sueños, tus ganas de huir, de viajar, de ser músico, porque simplemente no les va a importar una mierda oírte.
Si todo esto te da igual, márchate. Vete, llévate todo y no mires atrás nunca.
Te aseguro que vas a encontrar a muchas personas, pero si algún día necesitas a alguien que te quiera como te quise yo... te deseo mucha suerte.
Encontrarás chicas más cariñosas también, a cada paso que des, a mi nunca se me dio bien eso de dar cariño.
Chicas más inteligentes, más estudiosas, más aplicadas.
Chicas que prefieran irse de fiesta contigo y beber, a pasar una noche tumbada en el parque escuchando música y mirando las nubes, como hacías conmigo.
Chicas con las que no hables tanto y tengas sexo, chicas a las que no puedas contarles tus sueños, tus ganas de huir, de viajar, de ser músico, porque simplemente no les va a importar una mierda oírte.
Si todo esto te da igual, márchate. Vete, llévate todo y no mires atrás nunca.
Te aseguro que vas a encontrar a muchas personas, pero si algún día necesitas a alguien que te quiera como te quise yo... te deseo mucha suerte.
martes, 20 de agosto de 2013
Luna llena.
¿Nunca habéis sentido ganas de ir a la luna?
¿No la veis maravillosa, allí arriba? ¿No pensáis que es preciosa y os quedaríais horas mirándola?
Entonces nunca habéis estado realmente enamorados.
O no os habéis enamorado a mi manera, de una forma romántica y distante.
Suele llamarse el arte de amar desde lejos.
¿Nunca habéis querido a alguien que no podéis tener? ¿A alguien inalcanzable?
Ya sea alguna persona famosa, o alguien a quien tengáis cerca, pero igualmente sintáis lejos.
Todo el mundo ha tenido amores platónicos, difíciles, imposibles. La típica persona en la que te fijas y no te atreves a acercarte a ella.
Aunque tal vez vosotros tengáis el suficiente valor y autoestima para haceros notar y no perder oportunidades, yo no siempre soy así. Yo algunas veces he preferido amar desde lejos, y cuando los nervios participan demasiado, las mariposas empiezan a morir y el sentimiento empieza a volverse doloroso en vez de ser auténtico y especial como al principio, lo dejo y voy a encontrar algo nuevo.
Nunca a buscar, a encontrar.
Aunque a veces lo intento en vez de alejarme, pero tengo que acabar dejándolo igualmente.
Soy demasiado sensible y cobarde, lo reconozco. Pero siempre he tenido miedo de enamorarme.
Aunque es cierto que de los errores se aprende, que hay que intentarlo y arriesgar, y siempre se sacará algo bueno, ocurra lo que ocurra.
Pero es que, hay veces en las que prefiero que las cosas me encuentren a mi y me sorprendan. No tener que estar yo siempre pendiente de dejarme encontrar.
¿No la veis maravillosa, allí arriba? ¿No pensáis que es preciosa y os quedaríais horas mirándola?
Entonces nunca habéis estado realmente enamorados.
O no os habéis enamorado a mi manera, de una forma romántica y distante.
Suele llamarse el arte de amar desde lejos.
¿Nunca habéis querido a alguien que no podéis tener? ¿A alguien inalcanzable?
Ya sea alguna persona famosa, o alguien a quien tengáis cerca, pero igualmente sintáis lejos.
Todo el mundo ha tenido amores platónicos, difíciles, imposibles. La típica persona en la que te fijas y no te atreves a acercarte a ella.
Aunque tal vez vosotros tengáis el suficiente valor y autoestima para haceros notar y no perder oportunidades, yo no siempre soy así. Yo algunas veces he preferido amar desde lejos, y cuando los nervios participan demasiado, las mariposas empiezan a morir y el sentimiento empieza a volverse doloroso en vez de ser auténtico y especial como al principio, lo dejo y voy a encontrar algo nuevo.
Nunca a buscar, a encontrar.
Aunque a veces lo intento en vez de alejarme, pero tengo que acabar dejándolo igualmente.
Soy demasiado sensible y cobarde, lo reconozco. Pero siempre he tenido miedo de enamorarme.
Aunque es cierto que de los errores se aprende, que hay que intentarlo y arriesgar, y siempre se sacará algo bueno, ocurra lo que ocurra.
Pero es que, hay veces en las que prefiero que las cosas me encuentren a mi y me sorprendan. No tener que estar yo siempre pendiente de dejarme encontrar.
miércoles, 14 de agosto de 2013
Confesiones de noches en vela.
Este blog se vuelca básicamente en sentimientos relacionados con el amor. Con la parte ''mala'' del amor, para ser concretos.
Y es que sí, es que es verdad, necesito un lugar en el que poder desahogarme que no sea un diario de papel.
Escribiendo en un diario, para ti misma, te das cuenta de muchas cosas, y reflexionas. Pero escribiendo aquí, en un blog, un sitio bastante más accesible para los demás, haces exactamente lo mismo, pero, a parte, das a conocer tus sentimientos más íntimos y eres incluso capaz de hacer que otra persona que siente lo mismo que tú, pueda llegar a leerlo y no sentirse sola. O tú mismo, el que escribe, puedes recibir un simple comentario que ponga: ''te entiendo perfectamente'', y sientes algo maravilloso.
Al menos a mi me pasa, aunque no siempre que escriba algo surge alguien que me entiende, me siento afortunada por esas pocas veces en las que sí.
Y esta noche quiero escribir sobre algo que me encanta.
A mi y a poca gente, a ver si hay suerte y alguien lo entiende.
Hablemos de la lluvia.
¿No echáis de menos el invierno? ¿No echáis de menos las chaquetas, las botas, el ir abrigados?
¿Y esa sensación de encontrar calor en un abrazo?
Nunca me ha gustado el verano, no lo voy a echar de menos cuando se vaya. No me gusta el calor sofocante, ni los helados, y muchísimo menos los amores de verano.
Adoro la maldita lluvia, creo que fui una gotita en otra vida.
Nací en una nube y morí estampada contra el suelo.
Y es que sí, es que es verdad, necesito un lugar en el que poder desahogarme que no sea un diario de papel.
Escribiendo en un diario, para ti misma, te das cuenta de muchas cosas, y reflexionas. Pero escribiendo aquí, en un blog, un sitio bastante más accesible para los demás, haces exactamente lo mismo, pero, a parte, das a conocer tus sentimientos más íntimos y eres incluso capaz de hacer que otra persona que siente lo mismo que tú, pueda llegar a leerlo y no sentirse sola. O tú mismo, el que escribe, puedes recibir un simple comentario que ponga: ''te entiendo perfectamente'', y sientes algo maravilloso.
Al menos a mi me pasa, aunque no siempre que escriba algo surge alguien que me entiende, me siento afortunada por esas pocas veces en las que sí.
Y esta noche quiero escribir sobre algo que me encanta.
A mi y a poca gente, a ver si hay suerte y alguien lo entiende.
Hablemos de la lluvia.
¿No echáis de menos el invierno? ¿No echáis de menos las chaquetas, las botas, el ir abrigados?
¿Y esa sensación de encontrar calor en un abrazo?
Nunca me ha gustado el verano, no lo voy a echar de menos cuando se vaya. No me gusta el calor sofocante, ni los helados, y muchísimo menos los amores de verano.
Adoro la maldita lluvia, creo que fui una gotita en otra vida.
Nací en una nube y morí estampada contra el suelo.
lunes, 29 de julio de 2013
Por ti.
Son muchas las cosas que me pasan por ti, y sin que tú te des cuenta.
¿Sabes? A veces es doloroso. No digo que siempre, pero suele ser doloroso. Duele quererte en silencio. Pero creo que es lo mejor.
De nada sirve hacértelo saber cada día, ¿para qué? Lo tienes presente, y eres como una mariposa manipuladora que va y vuelve. Nunca te quedas para hacerme feliz más de unas horas. Vas, y vuelves. De flor en flor.
Y yo espero tu llegada como una rosa mustia que espera la llegada del invierno.
No me desespero porque sé que llegarás, tienes que hacerlo, siempre lo haces... pero te echo tanto de menos... Echo de menos que me mires a los ojos y me hables, sin miedo, y que me cojas de la barbilla para darme un beso.
Son pequeños recuerdos de instantes fugaces, pero me acompañan siempre.
Tal vez, algún día llegue otra mariposa que me haga olvidarte, que borre tus huellas de los pétalos de mi rosa, que sea más especial que tú y que no me abandone como haces tú siempre.
Y la verdad es que no te pido demasiado, solamente que me quieras siempre, y no sólo cuando te conviene. Quiéreme siempre. Ese era mi requisito.
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