Mostrando entradas con la etiqueta Esperanza. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Esperanza. Mostrar todas las entradas

lunes, 6 de junio de 2016

Si no está bien, no es el final.

Cómo me gustaría a veces tener fe ciega en que todo va a salir bien. Me gustaría ser ingenua y pensarlo. O ser realista.
Me gustaría ser valiente. Me gustaría poder afrontar de cara a todas las personas que me hacen daño, a todas las situaciones, me gustaría que todo saliese bien. 
Ya ni siquiera sé si me gustaría tener a alguien a mi lado para apoyarme, ni siquiera sé si quiero a alguien caído del cielo para que me haga ver que no todo es tan negro, ni tan azul. Ya no sé si le quiero.
Me intento inspirar a mi misma con frases, pegándolas por distintos lugares de mi vida, intentando que me despierten por las mañanas con un empujoncito de viento y lluvia... Pero no siempre es así. Los días son mediocres porque vivo en la incertidumbre, porque no sé lo que quiero, porque me falta algo.
Mis días son mediocres porque no quiero irme lejos, pero tampoco estar aquí.
Mis días son mediocres porque no sé qué va a ser de mi vida, porque siento que he perdido hace tiempo, y también el tiempo, y porque, cuando empiezo a sentirme mal, pienso en que alguien puede estar peor, y que soy egoísta.
Y no me malinterpretéis, pensar eso suele ser motivador, pero no lo es tanto cuando conoces a la persona en cuestión y no puedes hacer nada por ella. No puedes hacer nada por ella porque no te deja.
Porque no sabe que la quieres.

lunes, 2 de noviembre de 2015

No recordar.

Me ha dado por leer todo lo que llevaba escribiendo este tiempo. Desde que empecé hace años.
Qué oscura era mi mente, cómo me conocía a mi misma y cómo creía que conocía a las personas que me hacían daño.
Tengo que decir que he aprendido mucho. Todos aprendemos del dolor. He aprendido de las desilusiones y de todas las veces que intentaron romperme el corazón.
Pero, y este es el GRAN pero, sigo siendo tan sensible como era antes. Incluso más. Es tan fácil hacerme daño que intento que nadie lo sepa para no acabar siendo devorada.
Y es que sigo siendo demasiado sensible para el mundo... debería irme de aquí. 



lunes, 24 de agosto de 2015

Todo pasa.

Hoy hago un llamado de atención a todas esas personas a las cuales les gusta torturarse constantemente por cosas que han hecho o dicho, o, peor aún, por cosas que no llegaron a hacer o decir.
Es duro, es difícil, pero todo hay que dejarlo ir. Pero, y este es un gran ''pero'', siempre después de haberlo intentado antes. 
No hay mayor sentimiento de satisfacción saber que has intentado todo por conseguir algo, porque sabrás que aunque luego no salga como esperabas, nunca habrá salido mal. Ha pasado así por causas que escapan de tu razón y tienes que aceptarlo y esperar que venga algo mejor, porque si lo esperas, vendrá. Si no lo haces, también lo hará, pero pasará de largo.
Tenemos que entender que todo lo que no necesitamos en nuestra vida, de alguna manera se marchará, tarde o temprano, cuando ya hayamos aprendido la lección y no nos sea útil. O se irá precisamente para hacernos aprender una lección.
Así que ahora piensa, respira, date cuenta de lo que te gustaría tener en tu vida y lo que no.
Y actúa.

domingo, 11 de enero de 2015

Cuando quieres que alguien se quede.

Cuando era más pequeña, -tendría unos dieciséis años-, fue la primera vez que ''me rompieron el corazón'', por así decirlo. 
En ese entonces sentía que de verdad se había roto, y que nada volvería a ser lo mismo, y en parte era verdad. Todos sabemos que cuando nos pasa eso por primera vez, el mundo deja de ser igual. Y luego lo superamos, y seguimos, y seguramente somos felices independientemente del pasado que llevemos atrás, aunque esté ahí.
Pues recuerdo, que en esa época, cuando yo sentía que nada más tenía sentido y que jamás volvería a encontrar a nadie que me hiciera sentir lo mismo que me había hecho sentir esa persona que se acababa de ir, leí una historia.
Por casualidad, en una de esas tardes que pasas enteras, tú solo y una pantalla, con una manta y bastantes cosas que comer, pues una de esas tardes divagando por internet, yo encontré una historia, tan breve y triste a la vez que mi exagerado corazón sintió que fue marcado con un antes y un después. 
La historia hablaba sobre líneas. 
Las líneas paralelas, por ejemplo. Tienen mucho en común. Son dos líneas, en teoría exactamente iguales, que vienen del mismo lugar y se dirigen juntas hacia el mismo destino, pero están completamente separadas, y nunca, nunca, se van a encontrar, porque si se encontrasen, dejarían de ser lo que eran; dos líneas paralelas. 
Pero pensemos que, bueno, que renuncian a ser dos líneas que tienen mucho en común y nunca se van a cruzar, y hagamos que se crucen, vale.
Se han cruzado una vez, pero ahora son líneas que han tomado rumbos distintos, y ni vienen ni van al mismo lugar, y ya no tienen nada en común.
Por no contar el hecho obvio de que nunca más van a volver a cruzarse, ni a caminar juntas aunque separadas.
Pues esta historia es aplicable a nosotros, a nuestros amores imposibles, a esos amigos que hacemos una noche y jamás volvemos a ver, a esas personas que conocemos de vacaciones, en ese caso, ellos son líneas que iban en otra dirección y se han cruzado con nosotros.
Pero, ¿y en el caso de las líneas paralelas? 
Yo siempre las interpreté como una de esas personas que ves ahí, de pie, hermosas, lejanas y deslumbrantes, esas personas que miras a los ojos y sientes que tenéis demasiado en común como para no tratarse de una broma. Sientes que es una broma su mera existencia y su presencia ante ti, que tal vez es demasiado perfecto y debe tener algún error.
Y bueno, lo tiene. 
Y es que esa persona es una línea paralela a ti, pero no te das cuenta hasta que dices: ''tengo que intentar llegar hasta ella''.
Y, si consigues llegar, si la luz no te deja ciego, logras rozarla con la punta de los dedos, y sientes las terribles ganas de poder hacer eso a diario, entonces, te conviertes en una línea cruzada.
Ahí es cuando te das cuenta de que era una línea paralela a ti, miras atrás pensando en cómo no te has podido dar cuenta antes de semejante verdad y sabes que ni su rumbo ni el tuyo es ya el mismo, pero que tienes que seguir adelante y cruzarte con muchas más líneas aún, y seguramente, tarde o temprano, alguna de esas líneas sea paralela a ti, pero esté tan, tan cerca, que nunca necesitarás cruzarte con ella para echarla de menos. 
Bueno, pues ya han pasado casi cuatro años desde que leí esa historia por primera vez, y hoy tengo que recordarla otra vez y convencerme a mi misma de que a veces, hacer un sacrificio y cambiar un poco tu camino para cruzarte con otra línea que jamás volverás a ver, hace daño, -mucho daño- pero vale la pena -mucho, también-.


miércoles, 24 de septiembre de 2014

00:19

Qué sentimiento más desolador este. El de la noche fría, -y el tan esperado frío, que ahora se hace incómodo cuando yo pensaba que era lo mejor que me podía pasar-, el viento impasible y el color azul...
En el fondo de mi ser, sé que olvido algo, pero no consigo recordar de qué se trata. Pero lo sé, sé que hay escondido un ''algo'' que me perturba, sé que existe(s).
Y a veces, cuando divago entre las sombras, o vuelvo dando volteretas a casa a las tantas de la mañana, te llevo más presente que nunca. Es como si te sintiera más presente precisamente en mis momentos más impresentables. 
Otras veces simplemente sueño que te hablo, que entrelazamos las manos, y nos dormimos así, bajo el mismo techo, y bajo el mismo aura, sintonía y perfección.
Y otras veces siento que olvido algo y no sé el qué.
Ojalá alguien pudiese entender esto que estoy escribiendo. A estas alturas solamente pediría eso.



domingo, 3 de agosto de 2014

Frágil, léase con cuidado.

Conozco demasiado bien ese sentimiento de destrucción. Eso que se siente cuando oyes algo que no necesitabas saber, y es como si algo se rompiese dentro.
O cuando lees mensajes antiguos y sientes que te están golpeando con un bate de béisbol en el pecho con la intención de romperte el corazón.
Pues el sentimiento de autodestrucción es mucho más destructivo aún. Es jodido, es tan jodido que hay veces en las que pienso que preferiría no sentir nada a sentir eso, y lo peor de todo es que lo provoco yo.
Mis amigos lo llaman: ''El chico que te destruye''. Pero no, a mi nadie me destruye. Me destrozo yo a mi misma, al parecer algo en mi interior disfruta con ello, porque mientras me rompen el corazón, pienso: ''volvería a hacerlo''.
Él no es el chico que me destruye. Es el cabrón, consciente de mi sufrimiento pero inmune a él, y al cual le encanta que me destruya. 
Aunque la verdad es que, en esas noches interminables en las que miro al techo esperando a que amanezca, (como si eso fuese a salvarme de algo) me doy cuenta de que estoy harta de esta mierda. Y de que no sé cuánto voy a aguantar que siempre, siempre sea y pase lo mismo. Pido una tregua, a Dios, al destino, al karma, o a mi misma, pido una tregua, y poder amarte sin miedo de lo que tú sientas, porque este sentimiento es horrible, porque te quiero y no puedo.



domingo, 29 de junio de 2014

Nadie es demasiado mayor para oír un cuento de hadas.


Lucila siempre tenía que atravesar un bosque para llegar hasta casa, y aunque solamente tuviese cuatro años, su padre la dejaba ir y venir siempre que quisiera, sola o acompañada, porque el pueblo era tan pequeño y ya se conocían todos tanto, que sentía que no tenía nada que temer.
Y estaba en lo cierto, porque Lucila no se separaba de sus amigas, y ellas la protegían y se preocupaban por ella hasta que cruzaba la carretera que daba al pueblecito de la niña.
Pero las amigas de Lucila no eran el tipo de amigas que solían tener las niñas pequeñas. Las amigas de Lucila eran hadas que habitaban en el bosque, que salían cada vez que el anaranjado sol se ponía, ya que de día era peligroso; solía venir gente de la ciudad a hacer fiestas, celebrar cumpleaños o preparar barbacoas, sobre todo en esa época de verano, y no sería la primera vez que una de ellas era sorprendida por un humano.
Esa noche, Lucila volvía a casa poco antes de que el sol se pusiera, pensando en sus amigas, y deseando que llegase ya el día siguiente para poder volver a verlas. Podía verlas muy poco, porque debía marcharse pronto a casa, pero ese sentimiento de infelicidad por no pasar mucho rato con ellas, se esfumaba cuando le hacían pequeñas ofrendas y regalos para que no se sintiera sola. El regalo de ese día había sido una pequeña piedra, que, según le dijeron sus amigas, cada vez que la tocara escucharía la risa y sentiría el amor de un hada, y sería como estar con ellas de nuevo.

sábado, 14 de diciembre de 2013

Toca prosperar.

Creo que no soy la única persona que, de vez en cuando, se siente desgraciada y con ganas de acabar con todo. Se siente infravalorada, o incluso demasiado valorada para lo que ella piensa que vale.
Todos nos hemos sentido así alguna vez en nuestra vida, y... ¿qué queréis que os diga? Está bien.
Está bien sentirse así de vez en cuando. No es nada malo. La vida se basa en tener altos y bajos, y saber llevar cada situación. Nunca estarás bien si alguna vez no has estado mal.
Nunca te sentirás libre si alguna vez no te has sentido acorralado, nunca sanarán tus heridas si jamás las has tenido, y tampoco te enamorarás sin conocer, a su vez, la peor parte del amor.
Todo va encadenado, todo tiene sentido, y yo no pienso que sea ningún Dios quien mueva todo esto.
Todo lo hacemos nosotros mismos, y si tú quieres prosperar, y seguir, hazlo. 
Ve por ello, busca sentirte mejor. Y, si no puedes, o no encuentras lo que quieres, simplemente espera, porque la vida pone a cada uno en su lugar, y nadie será nunca menos.

martes, 20 de agosto de 2013

Luna llena.

¿Nunca habéis sentido ganas de ir a la luna?
¿No la veis maravillosa, allí arriba? ¿No pensáis que es preciosa y os quedaríais horas mirándola?
Entonces nunca habéis estado realmente enamorados.
O no os habéis enamorado a mi manera, de una forma romántica y distante.
Suele llamarse el arte de amar desde lejos.
¿Nunca habéis querido a alguien que no podéis tener? ¿A alguien inalcanzable?
Ya sea alguna persona famosa, o alguien a quien tengáis cerca, pero igualmente sintáis lejos.
Todo el mundo ha tenido amores platónicos, difíciles, imposibles. La típica persona en la que te fijas y no te atreves a acercarte a ella. 
Aunque tal vez vosotros tengáis el suficiente valor y autoestima para haceros notar y no perder oportunidades, yo no siempre soy así. Yo algunas veces he preferido amar desde lejos, y cuando los nervios participan demasiado, las mariposas empiezan a morir y el sentimiento empieza a volverse doloroso en vez de ser auténtico y especial como al principio, lo dejo y voy a encontrar algo nuevo.
Nunca a buscar, a encontrar.
Aunque a veces lo intento en vez de alejarme, pero tengo que acabar dejándolo igualmente.
Soy demasiado sensible y cobarde, lo reconozco. Pero siempre he tenido miedo de enamorarme.
Aunque es cierto que de los errores se aprende, que hay que intentarlo y arriesgar, y siempre se sacará algo bueno, ocurra lo que ocurra.
Pero es que, hay veces en las que prefiero que las cosas me encuentren a mi y me sorprendan. No tener que estar yo siempre pendiente de dejarme encontrar.

lunes, 29 de julio de 2013

Por ti.

Son muchas las cosas que me pasan por ti, y sin que tú te des cuenta.
¿Sabes? A veces es doloroso. No digo que siempre, pero suele ser doloroso. Duele quererte en silencio. Pero creo que es lo mejor. 
De nada sirve hacértelo saber cada día, ¿para qué? Lo tienes presente, y eres como una mariposa manipuladora que va y vuelve. Nunca te quedas para hacerme feliz más de unas horas. Vas, y vuelves. De flor en flor.
Y yo espero tu llegada como una rosa mustia que espera la llegada del invierno. 
No me desespero porque sé que llegarás, tienes que hacerlo, siempre lo haces... pero te echo tanto de menos... Echo de menos que me mires a los ojos y me hables, sin miedo, y que me cojas de la barbilla para darme un beso.
Son pequeños recuerdos de instantes fugaces, pero me acompañan siempre.
Tal vez, algún día llegue otra mariposa que me haga olvidarte, que borre tus huellas de los pétalos de mi rosa, que sea más especial que tú y que no me abandone como haces tú siempre.
Y la verdad es que no te pido demasiado, solamente que me quieras siempre, y no sólo cuando te conviene. Quiéreme siempre. Ese era mi requisito.

martes, 5 de febrero de 2013

Un beso es sólo un beso.

¿Alguien sabe besar sin sentimiento?
Supongo que la mayoría de la gente, sí. Os lo tomáis muy a la ligera, y yo no consigo saber cómo lo hacéis.
Para mi, el concepto de besar, es casi sagrado. Yo sólo daría un beso a quienes quiero de verdad.
Por eso beso a mi madre, a mi padre y a mis amigos. 
Por eso sólo besaría al estar enamorada.
¿Qué sentido tiene besar a alguien que no quieres, alguien que sólo te guste por su apariencia física? 
¿Es que tiene algún sentido? ¿Os aporta algo? Tal vez yo no lo entienda porque nunca he besado sin estar enamorada, y no lo he vivido. Pero me da mucha pena que algunas personas sean así.
Pero bueno, he oído decir que un beso es sólo un beso, y tiene la importancia que tú quieras darle.
Puede no significar nada, o puede cambiarlo todo. 

jueves, 6 de diciembre de 2012

Hoy puede ser.

Este día me parece brillante, a pesar del cielo nublado.
Me parece cálido, a pesar del frío que hace que todos se queden dentro de sus casas.
Me parece acogedor, aunque no tenga a nadie que pueda abrazarme.
Me gustaría poder abrazarte, y espero no tener que esperar mucho para poder hacerlo.
Miro por la ventana, me gustaría que aparecieses de pronto, al final de la calle, y caminases hacia mí con una sonrisa en los labios.
Me gustaría abrazarte bajo la lluvia, bajo la nieve, bajo la niebla, siempre que haga frío, en cualquier lugar.
Me gustaría que tú estuvieses pensando lo mismo que yo ahora, que sonrieras igual que yo, y tal vez, que tuvieses el mismo miedo que tengo yo, ese miedo de perderlo todo por ti, y que después resulte ser un error.
Si sintieses eso, yo podría repararlo, podría hacer que dejases de sentirlo.
Podría hacerte feliz hasta que te cansases de sonreír, para que nunca más tuvieses que probar el sabor de tus lágrimas.
Con un beso, sabrías todo lo que he callado.


lunes, 3 de diciembre de 2012

Inevitable.

Es inevitable pensar en ti.
Es inevitable querer conocerte, soñarte despierta.
No saber controlar los latidos de mi corazón cuando escucho tu nombre.
Sonreír, fantasear, ilusionarme y luego morir, cada vez que me veo atrapada en la realidad.
Y aún así volver a soñar.
Inevitable es ver perfectos y encantadores cada uno de tus defectos.
A veces pienso, que cuando te envuelve un sentimiento, es imposible quitártelo de encima. 
Es imposible llevarle la contraria, es imposible no sentirlo.
Si está ahí, es por algo. Porque alguien lo ha querido.
Destino, llamadlo así, si queréis.
Pero a mi me gusta pensar que todo pasa por algo, y que después de ese algo, solamente está lo bueno, y se acaba el sufrimiento.
Me gusta pensar que todos tenemos algo preparado, así no me siento inútil.
Me gusta pensar que, algún día, todo este sufrimiento se me compensará de alguna manera.
Me gusta creer que tú eres mi felicidad personificada. 
Que, después de ti, me encontraré a mi misma, y combatiremos juntos los problemas, y así nunca más nos sentiremos solos, porque nos tendremos el uno al otro.
Me gusta pensar que no serás otra desilusión, que me corresponderás en cuerpo y alma.
Me gusta creer que me necesitas, que me estás buscando.
Me gustaría pensar en ti sabiendo que tú también piensas en mi en ese momento.
Me gusta creer que no existe alguien más perfectamente imperfecto que tú.


miércoles, 21 de noviembre de 2012

Renaces de mis cenizas.

Eres como un ave fénix que renace de mis cenizas.
Te siento así, dentro, aunque nunca me hayas tocado, ni nos hayamos mirado directamente a los ojos más de una vez.
Aunque nunca estés a menos de un metro de mi.
Siento tu fuerza, tu debilidad, tu ser, tu luz y tu sombra, día y noche, a todas horas.
Veo tu cara, la expresión de tus ojos la primera y única vez que nos miramos.
Esa conexión.
Oigo tu voz en todas partes, formas parte de cada pensamiento, de mi respiración.
Y es lo que siento, no lo exagero, escribo lo que quiero escribir y siento lo que quiero sentir, aunque tal vez no deba sentirlo.
Me gustas, me gusta sentirte, cerca, lejos, al lado, me da igual.
Me paras el tiempo, y eso me encanta. 
Porque solo quiero sentirte a ti.

Por Lena.