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miércoles, 4 de mayo de 2016

Ojalá pudieses leer esto.

Supongo que alguna vez te habrá pasado eso de querer tanto a alguien que te da igual que no esté contigo mientras esté bien.
La verdad es que no sé por qué te quise tanto, no sé qué hiciste, no qué se me metió en la cabeza, pero, aunque ya no sienta lo mismo de antes, se me hace un nudo el corazón si me acuerdo de tu voz.
Eras buena persona. Y yo siempre pensando que eras tan malo e intentando justificarme con ello... Pero supongo que fue mi manera de soportar el dolor.
A lo mejor ni siquiera debería estar escribiendo esto, ya ha pasado mucho tiempo. Pero es que yo no puedo olvidarte. 
Y no me malinterpretes, no lloro por ti, no sufro, no tengo ganas de hablarte ni de que reaparezcas en mi vida. (O tal vez sí, aunque querer no significa necesitar) 
Pero me acuerdo de ti. Me acuerdo de esa noche, bajo las estrellas, y me acuerdo de tu tranquilidad. Recuerdo que cuando me cogiste de la mano, y yo bajé la cabeza para ver nuestras manos entrelazadas, me sentí por primera vez en paz. En toda mi vida. Eso puedo jurarlo. Y esos sentimientos a veces quieren volver, y se acuerdan de ti... pero no, no es correcto. 
Y podría seguir escribiendo, pero no es necesario cuando te lo puedo decir todo de otra manera.




martes, 12 de abril de 2016

Constelación.

Recuerdo aquella noche estrellada perfectamente. 
Yo estaba segura, por primera vez en mi vida, y tú feliz y con ganas.
Yo estaba segura.
Me acuerdo del momento en el que apoyé mi cabeza en tus piernas y miré hacia las estrellas, me acuerdo de lo que sentí. Recuerdo que guardé ese momento en lo más profundo de mi corazón.
Siempre supe que eso no saldría bien, pero jamás pensé que saldría tan mal. No pude ver el futuro, no pude verme a mi misma sola, perdida en una ciudad enorme sin sentir nada a parte de soledad. Lejos habían quedado aquellas estrellas. 
Y lejos, más lejos que nunca, estabas tú. Tú, alguien diferente. Alguien que abrazaba por las noches a otra chica que también miraba las estrellas. Alguien que ya no era mi amigo, mi compañero, mi estrella, ni nada. 
Estaba segura. 



lunes, 2 de noviembre de 2015

No recordar.

Me ha dado por leer todo lo que llevaba escribiendo este tiempo. Desde que empecé hace años.
Qué oscura era mi mente, cómo me conocía a mi misma y cómo creía que conocía a las personas que me hacían daño.
Tengo que decir que he aprendido mucho. Todos aprendemos del dolor. He aprendido de las desilusiones y de todas las veces que intentaron romperme el corazón.
Pero, y este es el GRAN pero, sigo siendo tan sensible como era antes. Incluso más. Es tan fácil hacerme daño que intento que nadie lo sepa para no acabar siendo devorada.
Y es que sigo siendo demasiado sensible para el mundo... debería irme de aquí. 



lunes, 3 de noviembre de 2014

Lluvia de estrellas.

Hay veces en la vida en las que te das cuenta de que estás viviendo un momento de película. Piensas: ''es increíble que me esté pasando esto a mi'', pero todo es real, y tú sólo suspiras y te sientes lleno de amor.
Eso me pasó a mi esa noche bajo las estrellas, en mitad de la nada y con ganas de todo. No nos pesaba el sueño en los párpados ni nos faltaban las palabras, simplemente estábamos ahí, formando parte del Universo, como debía ser.
Tal vez no pueda olvidar aquello porque llevaba demasiado tiempo sin sentir algo así, y porque tenía tanto miedo pensando en cuándo volvería a sentirlo, que me temblaban las piernas, no solamente por culpa de tus manos. 
Y ahora escribo esto tan lejos de ti, a tantos kilómetros que me duele algo dentro, y miro por la ventana, y veo las hojas bailando con el viento, y las nubes azules mirándome amenazantes, y en ese momento, es cuando sé que jamás volverá a pasar.
Sé que nunca más volveré a ver esas mismas estrellas contigo, que esta distancia nos ha podrido por dentro y que ya no me sonreirás a lo lejos y caminarás hacia mi con los brazos extendidos, ni yo me dejaré abrazar.
Porque lo bonito del momento fue eso, que fue sólo un momento.




domingo, 29 de junio de 2014

Nadie es demasiado mayor para oír un cuento de hadas.


Lucila siempre tenía que atravesar un bosque para llegar hasta casa, y aunque solamente tuviese cuatro años, su padre la dejaba ir y venir siempre que quisiera, sola o acompañada, porque el pueblo era tan pequeño y ya se conocían todos tanto, que sentía que no tenía nada que temer.
Y estaba en lo cierto, porque Lucila no se separaba de sus amigas, y ellas la protegían y se preocupaban por ella hasta que cruzaba la carretera que daba al pueblecito de la niña.
Pero las amigas de Lucila no eran el tipo de amigas que solían tener las niñas pequeñas. Las amigas de Lucila eran hadas que habitaban en el bosque, que salían cada vez que el anaranjado sol se ponía, ya que de día era peligroso; solía venir gente de la ciudad a hacer fiestas, celebrar cumpleaños o preparar barbacoas, sobre todo en esa época de verano, y no sería la primera vez que una de ellas era sorprendida por un humano.
Esa noche, Lucila volvía a casa poco antes de que el sol se pusiera, pensando en sus amigas, y deseando que llegase ya el día siguiente para poder volver a verlas. Podía verlas muy poco, porque debía marcharse pronto a casa, pero ese sentimiento de infelicidad por no pasar mucho rato con ellas, se esfumaba cuando le hacían pequeñas ofrendas y regalos para que no se sintiera sola. El regalo de ese día había sido una pequeña piedra, que, según le dijeron sus amigas, cada vez que la tocara escucharía la risa y sentiría el amor de un hada, y sería como estar con ellas de nuevo.

lunes, 6 de enero de 2014

Llueve dentro.

Esa presión en el pecho: dulce nerviosismo. 
Eso, y las ganas de verte.
Esa combinación.
Cómo lo echo de menos... Lo echo de menos porque siento que ahora te conozco demasiado. Es horrible esto de conocerte. Eras perfecto siendo un desconocido.
Me siento como la protagonista de un libro que leí.
Trataba de una chica rebelde, que vestía de una manera poco usual y se pasaba la noche en conciertos de grupos de rock o grunge. Y acabó enamorándose de un chico universitario, increíblemente educado (y aburrido), que no se arriesgaba por romper una sola norma.
Pues, yo soy ella, y él eres tú.
No somos como la descripción de ellos, no tenemos su personalidad. Pero el caso es el mismo.
Me encantaba el brillo de tus ojos cuando hablabas de tu música, de tus ideales. Y, aunque a veces no tuviese ni idea de qué estabas hablando, me sentía la persona más importante del mundo al saber que confiabas en mí, me sentía inmensamente grande, no la escoria de siempre.
Pero cuando te ibas, volvía a ser escoria sin ti.
Nunca tuve el valor de decirte todo eso. Tal vez por eso te fuiste.
O tal vez ya lo sabías, y por eso lo hiciste. 
Cuando te dije que tenía miedo a enamorarme de ti, la verdad es que fui una mentirosa, porque ya lo estaba, enamorada hasta las trancas, y el miedo lo sentí en ese momento, al mirarte a los ojos y darme cuenta de que, si en este momento te perdía, no me lo iba a perdonar nunca.
Y he cumplido. No me lo he perdonado.

sábado, 26 de octubre de 2013

Llueve.

Me despertó la lluvia en mi sueño. 
Soñaba con la playa de noche, y oía una canción de fondo, todo el rato la misma canción. Durante todo el sueño. 
Hasta que me despertó un trueno, justo cuando apareciste tú. Y yo me desperté y me puse a llorar, como hacían las nubes.
Como hago siempre que sueño contigo.
Y es que nunca sueño contigo.
Por eso no estoy acostumbrada y me hace daño todo esto, me hace daño sentirme débil cuando apareces simplemente en un sueño.
Por eso me aterroriza la idea de volver a verte, y me siento increíblemente fuerte, y lo suficientemente bien como para levantarme cada día, y caminar. Porque sé que no te veré.
Sé que sólo volveremos a vernos en sueños.



miércoles, 23 de octubre de 2013

Infancia.


Cuando éramos pequeños, tendíamos a necesitar el amor de nuestra familia.
Esas personas imprescindibles, que siempre estaban allí, a las que acudías cuando te caías y te hacías daño. 
Ellos te ayudaban a levantarte sin pedirte nada a cambio.
Te cuidaban, te protegían sin pedirte nada, solamente que te portases bien, y que te comieses todo lo que había en el plato.
Los que tuvimos una infancia así, tenemos suerte.
Es la etapa que nos prepara para la adolescencia, le época más dura, que te enseña a prepararte para la vida real. Que es aún más cruel.
Y, quien no haya disfrutado en la infancia, ¿cuándo lo ha hecho?
Nunca lo va a hacer.
Lo malo es que nos damos cuenta de eso demasiado tarde.
Y las heridas que nos hacemos de mayores no nos las reparan nuestros padres.
Ni nos pueden ayudar a levantarnos, ni nos sostienen.
No nos curan. Aunque lo intenten. Simplemente pensamos que no nos entienden.
Pero, ¿sabéis una de las cosas que tenemos en común con nuestra infancia?
Las heridas.
Siempre son iguales.
De pequeños siempre nos reñían por arrancarnos las costras de la piel, era como si nos gustase sufrir ese poquito, como si nos incomodase que las heridas cicatrizasen.
Pues cuando nos hacemos mayores es igual. 
Rascamos y hurgamos en nuestra propia herida, por miedo, por sentirnos vivos. Y quienes no lo hacen, ya tienen las heridas de los demás.
Y, el día en el que por fin nos decidimos a dejar ir el dolor y a no volver a tocar la herida, para que cierre, es el día más vacío de nuestras vidas.
Y es que debes buscar otra cosa con la que poder herirse...




lunes, 7 de octubre de 2013

Quiero ser ideal.

El aire que respiro me está contaminando.
Necesito abrazarte.
El cielo está nublado, hace frío, todo es ideal. 
Recuerdo constantemente tus quejas, cuando me decías: ''prefiero mil veces este calor sofocante, que llevar mil cosas encima en invierno y que aún así tenga frío''.
Pero me la suda el frío o el calor, ¿sabes qué prefiero yo ahora?
Te prefiero a ti.
Y cada vez que me doy cuenta de hasta qué punto te necesito, me desanimo y pienso que tengo que salir de aquí, que necesito a alguien que llegue a mi vida y cambie todo.
Estoy perdiendo a toda la gente a la que quiero, algo malo debo de estar haciendo, ¿o no?
¿O tal vez las cosas pasan simplemente porque tienen que pasar y punto?
Tal vez haya que dejarse llevar, porque todo tiene un motivo.
Tal vez nunca fui suficiente y por eso todo se acabó. 
Quizá nunca estuvo bien que estuviésemos juntos.
Y esto estaba destinado a romperme el corazón y hacerme aprender.
Y perder.

viernes, 13 de septiembre de 2013

Enamórate sólo una vez, y el mundo entero habrá cambiado.

                                                       


Me siento extraña desde que todo se acabó. 

Aunque en realidad... nunca hubo nada.
Fuiste un amor pasajero y extraño, hiciste que tuviese ganas de morir, de cortarme las venas, de no seguir existiendo.
Hiciste que tuviese ganas de arrancarme los ojos al verte con ella.
Pero me di cuenta de que tú no me hacías más daño del que me hacía yo a mi misma. Y por eso renuncié a torturarme más por ti. Creo que no me lo merezco.
Lo único que hice fue quererte, y si no funcionó, no fue mi culpa.
Eso es lo único que tengo claro de todo esto.
Me siento feliz al saber que algún día encontraré a alguien que me quiera, no como tú. Tú ya lo has perdido, ya me has perdido. 
Encontrarás a chicas más guapas que yo, a montones, en todos los sitios. 
Encontrarás chicas más cariñosas también, a cada paso que des, a mi nunca se me dio bien eso de dar cariño.
Chicas más inteligentes, más estudiosas, más aplicadas.
Chicas que prefieran irse de fiesta contigo y beber, a pasar una noche tumbada en el parque escuchando música y mirando las nubes, como hacías conmigo.
Chicas con las que no hables tanto y tengas sexo, chicas a las que no puedas contarles tus sueños, tus ganas de huir, de viajar, de ser músico, porque simplemente no les va a importar una mierda oírte.
Si todo esto te da igual, márchate. Vete, llévate todo y no mires atrás nunca.
Te aseguro que vas a encontrar a muchas personas, pero si algún día necesitas a alguien que te quiera como te quise yo... te deseo mucha suerte.

sábado, 24 de agosto de 2013

Ojos que no ven...

La vida es tan sorprendente... gente llega, gente se va. Todos aportan algo en ti o se lo llevan. Pero finalmente solo quedan los recuerdos, no las personas. 
Las personas se van, se van porque tienen que irse, porque la vida acaba, y se acabó.
Las cosas pueden cambiar de un momento a otro, puede acabar o empezar algo en un mísero segundo, de pronto, el día menos pensado, y cambiarte la vida. Para siempre.
Algo así me ha pasado a mi esta noche.
¿Recordáis que decía que tenía miedo de enamorarme? Ahora entenderéis por qué.
La luna estaba detrás de él.
Sonreía, y yo no sentía frío a pesar de que fuese madrugada y estuviésemos tirados en la calle. Todos se reían, lo pasaban bien. Yo solamente le miraba a él, que estaba justo en frente de mi. Y la luna detrás.
A veces me devolvía la mirada y me sonreía. 
Otras, creo que ni siquiera recordaba que yo estaba a dos metros de él.
Esta noche he comprendido que es mejor dejarlo ir. Si de verdad le quieres, déjalo ir.
No luches si ya has luchado y la otra persona es consciente. Retírate, te mereces algo mejor. 
No puedes estar luchando toda tu vida por alguien que lucha por otra persona.
Y me he dado cuenta de que estoy enamorada de verdad, estoy enamorada de verdad, aunque cada vez que me lo preguntasen mis amigos sonriese y mintiese: ''qué va, no es nada serio''
Pero que lo esté, de nada sirve si soy un pasatiempo. No quiero ser un capítulo más para la persona que me ha cambiado la historia por completo.
No quiero seguir así, creo que no me merezco esto. Y él mismo, esta noche me lo ha demostrado. 
Me ha demostrado que no es tan ideal como yo le creía, que no me quiere tanto como dice, y que no va a encontrar jamás en mi lo que busca.
También me he dado cuenta de que le quiero demasiado como para darle lo que él quiere.
Así que, después de haberle dedicado una última mirada firme esta noche, estoy en paz y tranquila, porque estoy segura de que él ya lo sabe.
Sabe que me retiro y que paso de sufrir, y en el fondo, tengo la esperanza de que vuelva a por mi, y me abrace con fuerza, como siempre.
Pero tal vez sea mejor que no lo haga.
Esta noche se me ha roto el corazón.
Digamos que estaba colgando de un hilo, y hoy ha decidido suicidarse.
Pero claro, tenía motivos.
Y, cuando te rompen el corazón, el mundo no se detiene para que tú lo arregles. Tienes que guardarte los trozos en el bolsillo y continuar el camino, e intentar no pincharte con ellos y hacerte más daño. 





lunes, 29 de julio de 2013

Por ti.

Son muchas las cosas que me pasan por ti, y sin que tú te des cuenta.
¿Sabes? A veces es doloroso. No digo que siempre, pero suele ser doloroso. Duele quererte en silencio. Pero creo que es lo mejor. 
De nada sirve hacértelo saber cada día, ¿para qué? Lo tienes presente, y eres como una mariposa manipuladora que va y vuelve. Nunca te quedas para hacerme feliz más de unas horas. Vas, y vuelves. De flor en flor.
Y yo espero tu llegada como una rosa mustia que espera la llegada del invierno. 
No me desespero porque sé que llegarás, tienes que hacerlo, siempre lo haces... pero te echo tanto de menos... Echo de menos que me mires a los ojos y me hables, sin miedo, y que me cojas de la barbilla para darme un beso.
Son pequeños recuerdos de instantes fugaces, pero me acompañan siempre.
Tal vez, algún día llegue otra mariposa que me haga olvidarte, que borre tus huellas de los pétalos de mi rosa, que sea más especial que tú y que no me abandone como haces tú siempre.
Y la verdad es que no te pido demasiado, solamente que me quieras siempre, y no sólo cuando te conviene. Quiéreme siempre. Ese era mi requisito.

martes, 13 de noviembre de 2012

Recuerdo.

Hoy es uno de esos días, en los que, como creo que dije en la primera entrada que escribí en este blog: ``Pasaron las estaciones, los recuerdos con ellas volvían a mí´´.
Y es que hoy vuelve algún que otro recuerdo.
La verdad, es que no he entendido nunca por qué tienen que volver. Están en el pasado, jamás debería pensar en ellos, porque lo único que me producen es dolor, melancolía, impotencia o sufrimiento.
Incluso todos esos sentimientos mezclados. Creo que esos son los peores estados, las peores etapas por las que he pasado.
Recuerdo que era domingo y estaba nublado.
No llovió hasta que yo salí a la calle, como si las gotas de lluvia estuviesen esperando impacientes por mezclarse con mis lágrimas en un dulce y muerto silencio.
Esa tarde sólo oí los latidos de un corazón roto, y cómo la lluvia moría contra el suelo.
Todo lo demás era vacío y engaño. Decepción y soledad.
Me odiaba tanto a mi misma, que ahora, al recordarlo, me da hasta miedo.
Odiaba ese amor que sentía hacía él, que era extraño, pero incondicional: estaba por encima de todas las cosas.
Pensaba que jamás volvería a encontrar a alguien como él. Nunca más encontraría a alguien que me hiciese tanto daño y me quisiera tanto a la vez.
Y es que aún me gusta creer que él me quería.




Por Lena.